No es la irrealidad de poder olvidar mis problemas, ni la necedad subersiva de desear la solución, sólo es la tentación de ese filo que entiende el motivo y a la piel por la que está pasando.
La calma la acompaña siempre un poco de dolor.
Y más allá de la vanidad que encuentra un hogar donde yace la herida, es un intento por no dejarte.
Así de sencillo me revuelvo en la idea de comprender que no podría hacerte sufrir más de lo que ya lo he hecho.
Vivir al lado mío es faltal, casi un suicidio.
Vivir dentro... es simplemente peor...
Sólo eres, para mí, un recuerdo, mientras cicatrizas lentamente.
Quisiera... ser como tú, cuerpo mío.
Que aún con este cansancio, aún con esta gravedad, pretendes curarte de este ultraje.
Sin rendirte...
Cerrar la piel.
Curar mi herida.
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