Hay muchas maneras de perder la inocencia.
Esta esa manera en la que te la arrebatan y apenas puedes darte cuenta, ya sea porque el dolor es bastante o la conciencia muy poca, es decir, que el corazón es muy joven o muy ciego.
También existe aquella forma en la que la dejas ir, por voluntad propia, voluntad egoísta, de destino, de todas las voluntades...
A veces te das cuenta de porque en la vida se separan las metas y los sueños, de una manera dura te das cuenta que los sueños son sólo eso, sueños.
Y creer en ellos es pura inocencia.
Inclusive, yo una vez tuve algo parecido a ello, pero lo dejé escapar de mi alma porque no era mío. Ni tampoco la posibilidad era real o imaginaria, simplemente no existía.
Quizá lo más díficil es cuando te ligas en gran medida a ello.
Cuando se desprende de ti una parte tuya se va con eso.
Y nada se queda a cambio.
Sueños, promesas, ilusiones... hay tantas maneras de llamarlo.
Mentira y engaño son mis favoritas, pues... ¿No aquello que no es verdad es simplemente un embuste?
Falsedad de falsedades y todo falsedad...
Aún así me pregunto si para superar el fracaso lo mejor es esto, dejarse caer en cualquier lugar mirando a la nada esperando que algo nuevo llene el vacío nuevamente.
Pero quizá ya no lo haga.
Es degenerado, masoquista pensar en permitirlo.
Y ahora me quedo aquí.
Sin nada.
Sin desearlo todo.
¿Qué soy yo entonces?
¿Qué es de mí si no tengo ilusiones?
¿A dónde se van cuando las dejas ir?
¿A dónde van aquellos sueños que te abandonan?
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